3/10/13

LA EDUCACIÓN HECHA UN BASILISCO

En una sociedad abocada a ese extraño ente llamado "los mercados", tenemos escuelas operativas y competitivas en una sociedad operativa y competitiva que exige vidas operativas y competitivas; de modo que éstas deben encajar en los moldes establecidos. 
Atender a las heterogéneas necesidades educativas en semejantes circunstancias, es una insostenible pérdida de tiempo, las circunstancias en cuestión lo que exigen es ahorro de tiempo, porque el tiempo es, literalmente, “oro” para la operatividad de los negocios.
De este modo, el placer va quedando desterrado de las escuelas.
El placer de recrearse en aquello que despierta intereses, de satisfacer curiosidades, de abordar emociones, de conocerse uno mismo y a los demás desde la cooperación y la empatía, de necesitar y querer saber más… Todo ello requiere un tiempo pausado sin programaciones herméticas y homogéneas preconcebidas, sin carreras de éxamenes que encumbren "exitosos" expedientes de "excelencia" y otras falacias. Y requiere, más que nada, la experimentación, la implicación emocional y los placeres del juego. Nada de ello está reñido ni con el trabajo ni con el esfuerzo.

Como es sabido, del basilisco existe un concepto zoológico y otro mitológico; y ambos despiertan un terror popular a su espíritu maléfico. Pero vivimos bajo el síndrome del basilisco.

El basilisco mitológico encarna la monstruosidad, destrucción y muerte; es un ser que nace de un huevo deforme puesto, no por una gallina, sino por un gallo, e incubado por una serpiente.
Su principal peculiaridad es que destruye con la mirada, mata cuanto mira y sólo se le puede vencer haciéndolo enfrentarse consigo mismo a través de su propia mirada ante un espejo. Diríase que su vertiginoso potencial destructivo le impide siquiera mirase a sí mismo.


Desde el punto de vista zoológico, el basilisco es un tipo de lagarto americano cuya característica más relevante es la velocidad. La hembra pone entre 5 y 15 huevos de una vez; los incuba un par de meses y los jóvenes especímenes nacen ya como lagartos totalmente independientes. Cuando el animal intuye el peligro, desenrolla sus aletas y, con la vista al frente, se lanza a toda velocidad corriendo sobre la superficie de las aguas (otra suerte de espejo que evita mirar). Sin embargo, recorridos espectacularmente unos 4 ó 5 metros, a razón de metro y medio por segundo, se hunde; momento a partir del cual debe seguir nadando como cualquier otro lagarto.


Sobre estas dos acepciones hay muchas lecturas posibles. La huida hacia adelante a toda velocidad, la superficialidad, la ciega destrucción sistemática, la negación de la introspección y de un pausado reconocimiento de nuestro entorno son, asimismo, características de nuestra Cultura-Basilisco; y la Educación es un buen espejo en el que contemplarla.

En su libro “Bajo presión” (RBA), Carl Honoré plantea: 

"En lugar de cocer un pastel con sus hijos porque les familiarizará con las nociones de peso, volumen y aritmética, o besuquearse con el bebé porque eso reforzará su córtex prefrontal, hágalo por la simple alegría de hacerlo. Deje que los efectos del desarrollo se arreglen por su cuenta."

¿Bailamos?

(Un vídeo en el que mirarse al espejo)


3 comentarios:

Grillo dijo...

Me parece que se extiende el desasosiego y el autonegarse para no teber que mirarnos en el espejo y menor profundizar y sacar conclusiones de lo que estamos haciendo.

Anónimo dijo...

Ana-Luisa, hace unos días tuve el placer de acudir a tu taller de cuentos en Ibiza, sólo quería felicitarte por permitirnos pasar una tarde tan agradable y aprender tanto. Te sigo a partir de ahora. Un abrazo, Maria José

Ana-Luisa Ramírez dijo...

Gracias por tus palabras, Mª José. Te aseguro que los placeres de esa tarde fueron compartidos. Espero que nos volvamos a encontrar. Un Abrazo.