19/6/19

ANTONIO CABRERA: TÚ ¿POR QUÉ MADRIGUERA TE VOLASTE?


Ayer despedimos al entrañable Antonio Cabrera. Hoy quisiera hacerle un pequeño homenaje trayendo a estas páginas una extensa carta suya que, hace años, nos remitió como colaborador en un proyecto escolar.


Corría el año 2005 y, en una peculiar escuela rural cuyo alumnado cursaba de 3º a 6º de Primaria, iniciamos un proyecto. Fuimos a desembocar en él cayendo por la madriguera de Alicia dispuestos a conocer ESTE Y OTROS MUNDOS.
En un momento del proceso, decidimos iniciar una correspondencia con GENTES DE(L) MUNDO. Pequeños grupos de niños/as de diversas edades enviaron sus cartas a personas del mundo de la literatura, la danza, las artes plásticas, también a editores, azafatas de vuelo, cuentistas...
La inmensa mayoría de nuestros corresponsales respondió, y lo hizo con una seriedad, entrega y dedicación dignas del mayor agradecimiento por su interés y respeto hacia los niños.

En su carta dirigida a Antonio, "el poeta-ornitólogo", los niños le enviaban palabras como estas:

(...) Estamos trabajando para conocer este y otros mundos, por eso te escribimos, para que nos cuentes cómo entraste en la madriguera de la poesía (...) Sabemos que, además, también te interesan los pájaros. ¿Qué encuentras entre el mundo de la poesía y el de las aves? (...)

Al poco tiempo recibimos respuesta de Antonio: un voluminoso sobre contenía la extensa carta, una postal con la imagen de una cigüeña, y un par de artículos suyos publicados en prensa: "El ruiseñor, tal como es" y "Las golondrinas".

Transcribo aquí su carta completa:

                                                                  La Vall D’Uixó, 8 de mayo de 2005

Queridos Ana, Juan, Paco y Damián:

   Lo primero que quiero hacer es agradeceros de todo corazón que hayáis pensado en mí, que me hayáis supuesto capaz de contaros algo de ese mundo en el Mundo que son los pájaros. Me pedís una cosa muy complicada aunque no lo parezca: nada menos que os explique una cosa –mi interés por las aves y la poesía-, que yo mismo no termino de saber explicarme. Voy a intentarlo.
  Todo empezó, como suele suceder con algunas cosas importantes que nos hacen ser quienes somos, cuando yo era un niño. Vivía entonces (hasta los siete años) en un pueblo de la provincia de Cádiz, donde nací, que se llamaba Medina Sidonia. Como muchos otros pueblos de Andalucía, Medina está situado sobre un cerro que domina una tierra muy extensa de colinas onduladas. Hay muy poca agricultura, pero la ganadería (toros bravos en su mayoría) es muy importante. Esto hace que el campo esté poco trabajado y se mantenga en un estado, digamos, semisalvaje. Un terreno ideal para los pájaros y otros animales. Así que mi pueblo –y más en los años sesenta- era muy rico en bichos de toda clase, y los niños de entonces (sin televisión ni Play Station) los teníamos como juguetes accesibles. Jugar con insectos, ranas y lagartos era pan de cada día. Yo, además, tenía hermanos mayores capaces de subirse a árboles y tejados, de saquear nidos de gorriones, de estorninos y de cernícalos. Esto, por aquellos años, cuando aún no estaba de moda el ecologismo, nos parecía la cosa más normal del mundo y nadie se escandalizaba ni nadie nos reñía. Mis hermanos me proveían, por tanto, de crías que yo intentaba alimentar con escaso éxito, la verdad. Por otra parte, mi madre tenía un gallinero al que yo acudía con ella para recoger la puesta diaria y llevarles de comer a las gallinas. Asistí muchas veces al nacimiento de los pollitos y jugué con ellos hasta hartarme. Mi madre, por si fuera poco, era también una experta atrapando toda clase de pájaros que encontraba en el gallinero, y me los entregaba para que me entretuviera con ellos. Pero entonces descubrí algo que luego ha sido decisivo en el hecho de que nunca hayan dejado de interesarme las aves: me di cuenta de que había una enorme diferencia entre ver un pájaro a distancia y verlo de cerca, en las manos. Y es que están llenos de detalles que si uno puede ver ya no se olvidan. El plumaje del vientre y los costados de la perdiz, por ejemplo. O el de un jilguero, lleno de amarillo-azufre; y el de la abubilla, con su cresta de fuego; y el del abejaruco, que es un arcoíris. A los seis años yo conocía las garras del cernícalo, con las que atrapa saltamontes; y el babero color negro azabache del gorrión macho; y el pico del alcaudón, ganchudo, perfecto para ensartar escarabajos en las espinas de las zarzas, que es un comportamiento suyo muy habitual.
   En fin, que conocer la diversidad tan grande de colores, formas y conductas de los pájaros, y desde tan niño, ha dejado en mí una marca imborrable. Y una cosa más: el gusto por ellos lleva unido el gusto por el campo, por los espacios abiertos, y por la vegetación, que tanto tiene que ver con las aves. Yo, que conozco un poquito Alborache, sé que tenéis la fortuna de vivir muy cerca del monte y rodeados de pájaros. Aprovechadlo.

   Bueno, continúo la historia. Cuando mis padres se vinieron a vivir a Valencia, y yo con ellos, claro, nos instalamos por suerte en un barrio que entonces estaba en las afueras de la capital y que se llama Monteolivete. Allí empezaba la huerta. Mi segunda infancia transcurrió casi como la primera, también al aire libre, jugando entre acequias y huertos, justo donde ahora está la Ciudad de las Ciencias y de las Artes. El caso es que seguí relacionándome con los pájaros, pero cada vez más procurando observarlos sin hacerles daño. Yo creo que la serie televisiva que entonces dirigía Félix Rodríguez de la Fuente (un naturalista español muy famoso) fue lo que me inculcó el deseo de saber más cosas de los animales en general y de las aves en particular. Fue entonces cuando me enteré de que muchas especies estaban en peligro y cosas así. Por aquellos años (entre los 8 y los 14 más o menos) yo quería ser zoólogo.
   No lo fui. Acabé haciéndome profesor de Filosofía y escritor. Algo muy diferente a primera vista. Sin embargo me he dado cuenta después de que no tanto, porque el mundo de las aves y el apego al campo pude incorporarlos a lo que escribía de un modo natural y provechoso. Saber mirar lo que está ahí afuera, observar con detenimiento y ser sensible a las cosas hermosas, todo eso, tan útil para escribir poesía, si lo tengo es gracias en gran medida a mi interés por la Ornitología, que es la ciencia que estudia a las aves. Empieza uno mirando algo que vuela y se acaba mirando el escenario donde eso vuela. Un bando de palomas me lleva a fijarme en el cielo azul (siempre distinto) y en la luz de la tarde, por ejemplo.
   Para ser poeta hay que saber mirar un poco más allá de las apariencias. Mirar pájaros y estudiarlos le enseña a uno a ver lo que no se ve a primera vista, y se descubren cosas emocionantes donde parecía que no había sino un simple animal asustado o molesto. Fijaos bien en una golondrina cuando entra en el nido o cuando pasa raseando el suelo cerca de vosotros. Fijaos en los colores (que no son negro y blanco nada más: de hecho la golondrina es más azul que negra), fijaos en la velocidad y en el contorno, y quizá descubráis que vale la pena porque notáis una sensación, un cosquilleo en el pensamiento, una cosa agradable que se llama BELLEZA.

   El poeta es un individuo empeñado más que otros en experimentar o sentir ese cosquilleo. Las aves con sus formas, sus cantos, sus colores y sus costumbres me parece que son una fuente continua de belleza, de belleza que suele pasar desapercibida y que cuando uno la capta produce una sorpresa incomparable que incita a seguir buscándola.
   No sé si he respondido a vuestras preguntas de un modo claro. ¡Eran muy difíciles! En cualquier caso, el mundo de la poesía ha encontrado en los pájaros, desde muy antiguo, un motivo fértil para la inspiración. Ahora bien, la poesía es un mundo más amplio que el de las aves, tan amplio, tan amplio, que equivale al Mundo todo, porque el Mundo, cualquier cosa que esté en él, puede ser objeto del interés de la poesía.
   Me despido ya. He intentado hacer una letra legible, pero soy un desastre. Perdonadme. Espero que lo que os he contado tenga alguna utilidad para vosotros. Ha sido un verdadero placer escribiros. Os mando besos a porrillo y os pido que os paréis de vez en cuando a mirar a esos bichos voladores y piadores que nos alegran la vista y la vida. Vuestro y a vuestra disposición





En su último libro publicado, "Gracias, distancia", Antonio incluía estos aforismos:

Poema: foco que no alumbra todo aquello que alcanza.

Al celebrar el mundo, la poesía no hace más que estar en sí misma.


26/5/19

SORPRESAS TE DA LA VIDA



Coincidiendo con la undécima edición de "Así es la vida", recibí un aviso: una maestra llamada Darita estaba intentando localizarme. Nos pusimos en contacto y surgió otra de esas sorpresas que este libro nunca cesa de regalarnos.

Dari es maestra de una escuela unitaria de la provincia de Cuenca que cuenta con 5 alumnos. El pequeño colectivo dedicaba este curso, simplemente, a celebrar la VIDA. Estaban ilusionados por compartir también conmigo un rato de vida y el contagio fue inmediato. Así que, a los pocos días, acudí a la cita en Santa Cruz de Moya.

Me encontré en el pequeño pueblo sumergido en un silencio sólo salpicado de trinos de pájaros, voces apagadas o el motor de algún tractor. Antes de llegar a mi destino fui inmediatamente reconocida porque todos los habitantes sabían de mi visita.
Me recibieron en la escuela con esta exposición:


Entre Dari, los cinco niños y sus mamás -constantemente activas en la escuela-, habían reproducido todo el libro en gran formato para montar esta amplia instalación sobre una red de hilo rojo.





Después nos reunimos en el aula. Los niños y yo nos preguntamos y contamos muchas cosas. Entre otras, que dentro de su proyecto habían seguido el proceso de la llegada a la VIDA de sus pollitos. Entre lágrimas me comentaron que también se habían encontrado en el camino con la otra cara de la VIDA, es decir, la MUERTE; pues uno de los pollitos se les había muerto.


Y hablando de gallináceas, Samuel y Lucas aprovecharon parar narrarme magistralmente el cuento acumulativo del Gallo Kirico que se fue a la boda de su tío Perico...


... y seguimos con más rítmicos cuentos de nunca acabar para enlazar con nuevos ritmos. Junto a su profesor de música y su maestra me dedicaron, cantando a coro, una "vital" canción de Dani Martín. 
Para seguir celebrando la VIDA, no podían faltar buenos alimentos, así que también me regalaron un librito artesanal confeccionado por ellos con suculentas recetas de la gastronomía manchega. Lo completaba un sabroso refranero.












Yo, como no podía ser de otro modo, también aporté mi granito de arena con algún regalo.


Terminada la jornada escolar, los maestros continuamos celebrando la vida. Pasamos a la práctica gastronómica con una estupenda comida en un pueblo vecino, paseamos charlando junto al río, visitamos el castillo de Moya... ¡Todo un día de VIDA placentera!
Ahora Dari, los niños y yo, nos seguimos contando cosas por correo. Me enviaron el breve reportaje "De huevo a pollito" (se puede ver aquí) que Noticias CMM había grabado muy recientemente.

2/4/19

INDUSTRIAS Y ANDANZAS DE ALFANHUÍ



Hoy, Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil y con la recientísima muerte de Rafael Sánchez Ferlosio, rescato el viejo ejemplar de las "Industrias y andanzas de Alfanhuí" coincidiendo con su autor, que la consideraba su más estimada obra. 
Entre sus páginas, encuentro un viejo folio amarillento y manuscrito. Se reprodujo en su día con uno de aquellos antiguos artefactos a manivela llamados ciclostil que te pringaban de tinta hasta las orejas. Debe de ser una de las copias que le hacía llegar a mi alumnado hace casi cuatro décadas.
Impartía entonces en Secundaria lengua-literatura y plástica; así que jugábamos con Alfanhuí, cuando menos, desde estos lenguajes. Entre otras actividades, les leía en voz alta en clase de plástica pasajes de la novela. Textos repletos de referencias sensoriales: acústicas, visuales, plásticas, cromáticas... 
Todavía retengo en la memoria excelentes ilustraciones sobre el capítulo VII -uno de nuestros preferidos-,"De un viento que entró una noche en el cuarto de Alfanhuí y las visiones que este tuvo"
Los chavales imaginaban y reproducían, a partir de la lectura, la escena nocturna con la llama de la lámpara de aceite agitada por el viento en una estancia -salpicada de pájaros disecados-, de la casa del maestro taxidermista.

El viento entraba cada vez más lleno por la ventana y traía como una música de ríos y bosques olvidados.
Al compás de la música, la llama hacía danzar las sombras de los pájaros (...) pusiéronse a danzar las danzas arcanas, las danzas primitivas de su especie, dibujando sobre el techo del salón una rueda grandiosa de alas y de picos.

O este primer fragmento del capítulo I, amarilleado (¿por la glandulita del rubor?) en la copia a ciclostil.



El gallo de la veleta, recortado en una chapa de hierro que se cantea al viento sin moverse y que tiene un ojo solo que se ve por las dos partes, pero es un solo ojo, se bajó una noche de la casa y se fue a las piedras a cazar lagartos. Hacía luna, y a picotazos de hierro los mataba. los colgó al tresbolillo en la blanca pared de levante que no tiene ventanas, prendidos de muchos clavos. Los más grandes puso arriba y cuanto más chicos, más abajo. Cuando los lagartos estaban frescos todavía, pasaban vergüenza, aunque muertos, porque no se les había aún secado la glandulita que segrega el rubor, que en los lagartos se llama "amarillor", pues tienen una vergüenza amarilla y fría.

Nos encantó también descubrir algunos asuntos sobre nombres; como el hecho de que la criada del taxidermista no tuviera ninguno, pues era sordomuda.

Y, por supuesto, el nombre que el muchacho recibe de su maestro:



¿Tu? Tú tienes ojos amarillos como los alcaravanes; te llamaré Alfanhuí porque este es el nombre con que los alcaravanes se gritan los unos a los otros. ¿Sabes de colores?  

Un placer de reencuentro con un libro que es pura sinestesia. Un relato cuyas palabras hacen viajar por constantes asociaciones sensoriales. 

4/3/19

RAINER Mª RILKE: SOBRE LA MUJER

Lou Andreas-Salomé / Rainer Maria Rilke
Esta semana -cada año con más fuerza-, se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En los últimos días, una azarosa red de enlaces me ha remitido al entrañable reencuentro con Cartas a un joven poeta de Rilke. Una joya de libro que no había abierto desde principios de los años 70 del pasado siglo, que he releído con sumo cuidado -ya que el ejemplar quedó como una rosa marchita que se deshoja entre las manos-; y que me ha descubierto la influencia, ya olvidada, que ejerció desde aquellas primeras lecturas.

Entre muchas otras perlas, encuentro en la carta VII, dirigida al joven Kappus desde Roma el 14 de mayo de 1904, estas ¿proféticas? palabras de Rilke sobre la mujer:

"La joven y la mujer, en su nuevo desarrollo personal, serán transitoriamente imitadoras de los malos y los buenos modales masculinos, y repetidoras de las profesiones varoniles. Tras la incertidumbre de tales tránsitos se demostrará que las mujeres habrán pasado por esos abundantes y variados disfraces -con frecuencia risibles- solo para purificarse, en lo más peculiar de su naturaleza, de las deformadoras influencias del otro sexo. Las mujeres, en las cuales la vida se demora y habita más inmediata, fecunda y confiadamente que en el hombre, es preciso que en el fondo hayan llegado a ser humanos más maduros, seres más humanos que el hombre liviano -no atraído bajo la superficie de la vida por el peso de ningún fruto corporal-, quien, fatuo, precipitado, menosprecia lo que cree amar. Esta humanidad de la mujer, madurada en los dolores y las humillaciones, saldrá a la luz cuando la mujer haya mudado los convencionalismos de lo exclusivamente femenino, en las metamorfosis de su condición social; y los hombres, que aún hoy no sienten llegar esto, se verán sorprendidos y vencidos. Un día (de ello, sobre todo en los países nórdicos, ya hablan e ilustran signos inequívocos), un día la joven será, y será la mujer, y sus nombres no significarán más lo mero contrario de lo masculino, sino algo por sí, algo por lo cual no se piense en ningún complemento ni límite, sino nada más que en vida y ser: el ser humano femenino.
Este progreso transformará (al principio muy contra la voluntad de los hombres superados) la vida amorosa, hoy colmada de errores; la cambiará fundamentalmente; la convertirá en una relación valedera de ser a ser, no ya de varón a mujer. Y este amor más humano, que se realizará infinitamente delicado, y cuidadoso, y bueno y claro en el atar y desatar, se asemejará al que penosamente preparamos luchando: el amor que consiste en que dos soledades mutuamente se protejan, se limiten y se reverencien."

12/12/18

HISTORIA DE TODOS


Historia de Todos.
Texto: Héctor Gómez Navarro. Ilustración: Ina Hristova.
Editorial A buen paso

Historia de Todos es una delicia de lectura.
Compuesta por capítulos que, en principio, pueden parecer relatos independientes, va componiendo un mosaico humano sobre los habitantes de la región de Piura, en el norte de Perú.
Aunque Héctor Gómez nació en España, su libro nació en Perú y está escrito desde el uso del idioma que se hace en Piura. Un español rítmico y con gracia que, inevitablemente, sumerge al lector en un realismo mágico encantador.

Ya en la primera página, la historia te atrapa cuando Terencio se encuentra en el campo un ángel -“así, magulladito y con las alas lastimadas”-, que se tendrá que disputar con dos curas muy persuasivos, cada uno en su estilo:

“…que puede que Dios lo envíe para algo importante, hombre, y no se lo va a decir usted que ni sabe latín ni tiene a los churres bautizados, y mire, así entre nosotros si quiere le doy la indulgencia plenaria, hermano Terencio, mire que le ofrezco la Gloria.”

“Ya dénoslo, carajo. Si es ángel es de Dios y lo que es de Dios, acá del cielo abajo, es de nosotros. Mire que lo envío a usted de frente al infierno, a hacerle compañía a la chola de su mamá.”

El mosaico se completa, capítulo a capítulo, historia tras historia de sorpresa en sorpresa hasta el final, donde uno descubre que:

“Verás, antes la gente nacía como quería. Con un pie para atrás, como yo, con tres brazos, como tú. Cada uno según su capricho. Luego la gente se fue olvidando y empezaron a nacer todos iguales (...)”

Lo dicho: una delicia.

Historia de Todos ganó en 2011 el Premio Asturias Joven de Narrativa. En 2017, A buen paso lo editó con las sugerentes ilustraciones de Ina Hristova.

4/12/18

LO QUE IMAGINA LA CURIOSIDAD


Tras su sugerente publicación en 2010 de “Recetas de lluvia y azúcar” (Thule), Eva Manzano (texto) y Mo Gutierrez Serna (ilustración) reaparecieron en 2017 con este otro regalo publicado por la editorial Libre Albedrío.

“Lo que imagina la curiosidad” conforma una especie de mapa surcado de caminos de ida y vuelta que nos ofrecen paseos sin fronteras entre los territorios de la imaginación y de la ciencia. Una red de vasos comunicantes repletos de curiosidades, hipótesis, lirismo, reflexión, datos científicos e imaginación.

El álbum nos invita a jugar con todo ello porque La curiosidad nos ayuda a descubrir en qué consiste la vida.
Si, como apuntaba Einstein, la imaginación es más importante que el conocimiento, este libro es una buena ocasión para experimentarlo. Y quizá el asunto esté, más bien, en que imaginación y conocimiento son igualmente importantes cuando se necesitan y complementan.

“Lo que imagina la curiosidad” es un catálogo de semillas que invita tanto a la ensoñación como a la investigación.

8/11/18

TIRANDO DEL HILO SALVAJE

"Donde viven los monstruos" (Spike Jonze, 2009), basada en el álbum ilustrado "Wher the wild things are" (Maurice Sendak)



Tras el proceso del proyecto “Salvaje” del pasado curso, el mismo grupo –ahora en 6º de primaria-, continúa deseoso de seguir tirando del hilo.
Ante la propuesta de utilizar como detonantes la literatura y el cine, las expectativas ofrecían muchas posibilidades.

Comenzamos calentando motores con la película pendiente “El pequeño salvaje” de F. Truffaut (1970), basada en hechos reales como otros casos que ya investigamos.
Jean-Pierre Cargol como "L'enfant sauvage" (François Truffaut, 1970)


Pero el curso pasado, a raíz del seguimiento de “el niño salvaje de Sierra Morena”, Gabriel Janer Manila nos dejó flotando en el aire unas insistentes palabras:
“Lo que salvó a Marcos fue la imaginación”.

Los viajes entre ficciones y realidades son complementarios; siempre resultan enriquecedores y necesarios, pues la imaginación que, aparentemente, nos aleja de lo real, descubre en ese distanciamiento nuevos caminos hacia múltiples realidades, cuestionamientos, recursos, debates… y divertimentos.
Habíamos estado barajando ambiguos conceptos como “domesticar”, “civilizar” o “vivir en libertad”, y a estos conceptos respondían muy bien ciertas historias fantásticas, pero había que elegir y así se lo expusimos al grupo para que eligieran ellos mismos.

Las propuestas:

Adaptación cinematográfica de Claudia Schröder, 1983
“Konrad o el niño que salió de una lata de conservas” (Alfaguara) de la escritora austriaca Christine Nöstlinger, recientemente fallecida; relata la historia de un niño prefabricado. Un crío de 7 años (ya sin las incomodidades de la primera infancia), diseñado para ser correcto, educado, cariñoso y obediente, es decir, para no incomodar en lo más mínimo a los adultos. Un niño perfectamente “domesticado”. Pero… llega a manos de la extravagante Sra. Bartolotti, una madre por sorpresa que es la antítesis de la criatura enlatada.

Primera adaptación al cine de "Peter Pan" (Herbert Brenon, 1924)


“Peter Pan y Wendy” del escocés James M. Barrie.
Este clásico de la literatura universal presenta a un niño que se niega a aceptar la “civilización” de la encorsetada Inglaterra Victoriana. Se niega a crecer. Se niega a vivir en el seno de una familia convencional. Y se niega a tantas otras convenciones optando por vivir en Nunca Jamás a medio camino entre la humanidad y la bestialidad, entre indios, animales, hadas, sirenas, piratas y niños perdidos. Aunque no todo son para él felices vuelos y aventuras; al son de su flauta de Pan también se le escapa -como su sombra-, algún amargo suspiro. Y de vez en cuando vuela al otro lado, a Londres, en busca de alguna mamá-Wendy que le cuente cuentos.
En este caso, los peculiares paralelismos entre la vida y la obra del autor también ofrecen mucho hilo del que tirar.
Inger Nilsson como "Pippi". Serie de TV. (Olle Hellborn, 1969)
 “Pippi Calzaslargas” (Blackie Books) de la escritora sueca Astrid Lindgren.
Este internacionalmente conocido personaje, aunque todo el mundo la llama Pippi, se presenta como Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusminta, hija del capitán de barco Efraín Calzaslargas, que fue el rey de los mares y hoy es el rey de los caníbales.
Pippi es la encarnación de la “vida en libertad”, sin adultos que le digan lo que debe hacer y sin nadie a quien obedecer salvo a sí misma. Una niña que no duda en advertir: No te preocupes por mí, que yo sé cuidarme solita.

Estuvimos distendidamente hablando de las tres obras, de sus orígenes y autores, de adaptaciones cinematográficas, de lo que unas y otros conocían o desconocían. Y terminamos leyendo en voz alta las primeras páginas de cada uno de los libros.
Surgieron asimismo referencias al álbum ilustrado “Donde viven los monstruos” y a su versión cinematográfica… Y llegó el momento de decidirse. ¡¡¡Difícil elección!!!

Se trataba de elegir uno de los libros para disponer todos de ejemplares y poderlo leer y comentar conjuntamente en clase al margen de otras lecturas de libre elección.

Curiosamente, la primera obra en ser descartada fue Peter Pan, la más mal-conocida por la versión Disney de animación. La más manoseada y sesgada en ediciones recortadas y que, lamentablemente, pocas personas leen.

Con Konrad ocurrió todo lo contrario. Precisamente por no conocerla ninguno de los miembros del grupo, les resultó enormemente atractiva.

Pero Pippi es mucha Pippi. Algunas personas no la conocían y otras sí por capítulos de la vieja serie de televisión. Finalmente Pippi fue la opción elegida por aplastante mayoría, aunque sin descartar, por cuenta de cada cual, la lectura de Konrad que tanta curiosidad les había despertado.


Cualquier elección me habría parecido suculenta, pero releyéndome ahora Pippi Calzaslargas, que tantas veces leí en mi infancia, vuelvo a disfrutarla como entonces.
El personaje nació de la siguiente manera: Cuando Karin, la hija de Astrid Lindgren, tenía 7 años y una pulmonía que la retenía en la cama, un día exclamó: ¡Mamá!, cuéntame algo de una niña que se llame “Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusminta Efraimsdotter Längstrumpf” (lo que traducido sería: Pippilotta Delicatessen Persiana Hierbabuena hija de Efraín Calzaslargas). Y así nació Pippi que, aunque no lo parezca, ya tiene más de 70 años. Y en todo ese tiempo, los múltiples ataques, críticas y censuras recibidas por parte de adultos, no han impedido que se convierta en uno de los grandes personajes de la literatura infantil. Y es que, ¿a quién no le gustaría vivir haciendo lo que le da la real gana?
Pippi es buena, generosa, gamberra, divertida, ingeniosa y buenísima inventando historias de las que lo que menos importa es que sean verdad o mentira. Y es que…

-Mentir es feo –admitió Pippi. Pero a veces lo olvido, ¿sabes? (…)
Puedo aseguraros que en Kenia no hay ni una sola persona que diga la verdad. Allí la gente se pasa el día entero, desde las siete de la mañana hasta que se pone el sol, diciendo embustes. Por eso, si de vez en cuando digo alguna mentira, tendréis que perdonarme: recordad que lo hago porque he vivido mucho tiempo en Kenia… Pero podemos ser amigos a pesar de todo, ¿verdad?



28/10/18

VIDAS Y MUERTES DEL MONSTRUO Y EL VAMPIRO



No importa si aquí el mortecino otoño sigue muriendo o si en otro extremo del planeta despierta la primavera. La vida y la muerte se convocan en noviembre. Los muertos cobran vida, los vivos cobran muerte y se generan monstruos e híbridos propios de Victor Frankenstein.

Se aproxima también a su muerte el año 2018 en el que se han cumplido dos siglos de la primera edición de Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley.
Primera adaptación al cine de Frankenstein (J. Searle Dawley / 1910)




Relecturas, lecturas e indagaciones sobre esta obra, su contexto, sus antecedentes y sus secuelas, me atrapan en una inmensa telaraña de hilos que entretejen vida y muerte, espacio y tiempo, realidades y ficciones y, parafraseando a Borges, “algo que ciertamente no se nombra con la palabra azar”.

Hace poco más de dos siglos, hubo un verano que se murió antes de nacer; fue frío, tormentoso, lluvioso y oscuro.
A mediados de 1815, en Indonesia, en una pequeña isla del mar de Bali, entró en violenta erupción el volcán Tambora. El fenómeno no solo acabó con la vida de decenas de miles de personas, también mató el verano de 1816 en todo el hemisferio norte del planeta.
El pintor inglés J.M.William Turner lo reflejó en algunas de sus pinturas.


Aquel verano sin verano, se reunieron en Suiza cinco jóvenes en una villa a orillas del lago Lemán de Ginebra: Villa Diodati.


Se sabe que en el siglo anterior aquellas mismas paredes albergaron a destacadas figuras como J.J. Rousseau o Voltaire. En esta ocasión, Villa Diodati había sido alquilada por el poeta inglés Lord Byron, que llevó consigo al joven Doctor John William Polidori como su médico personal y pareja del momento. Mantenían ambos una relación un tanto tormentosa dominada por Byron, que se solía referir a él como “el pobre Polidori”.

Polidori / Byron

Allí, el reconocido poeta romántico comenzó a recibir insistentes misivas de una admiradora empeñada en reunirse con él. Se trataba de la adolescente de 17 años Claire Clairmont, hermanastra de Mary Wollstonecraft -apenas un año mayor que Claire-, que poco después se convertiría en Mary Shelley.

Claire Clairmont
Ellas, junto al también poeta Percy Bysshe Shelley, ya pareja de Mary, y William, el segundo bebé de ambos, pronto acudieron a Villa Diodati invitados por Byron.

Perrcy Shelly / Mary Wollstonecraft

Reunidos los cinco jóvenes entre tormentas bajo el siniestro verano muerto, conversaron junto al fuego sobre los poderes que habitan en las entrañas de la tierra, sobre Benjamin Franklin y la electricidad, las ciencias emergentes, los macabros experimentos del Doctor Dippel en su castillo de Frankenstein, los secretos de la vida y de la muerte…

Polidori llevaba consigo un libro de historias alemanas de fantasmas (Phantasmagoriana) que leyeron junto al fuego de la chimenea alimentando inquietudes y miedos. Fue entonces cuando Byron propuso que cada uno de los presentes intentara escribir una historia de fantasmas.
Fruto de aquel reto, se gestaron los embriones de dos novelas que dejarían huella en la historia de la literatura (y también del cine).
Polidori perfiló el argumento del que sería su relato El Vampiro.
Mary, el de la obra que se publicaría dos años más tarde bajo el título de Frankenstein o el moderno Prometeo.

Y aquí comienza el intrincado enredo de hilos entrelazados de forma que “ciertamente no sé si nombra la palabra azar”.
Referiré sólo los más directamente relacionados con Polidori y Mary:

El vampiro del relato de Polidori es Lord Ruthven. Todo apunta a que se trata de un reflejo (valga la contradicción tratándose de vampiros) del propio Lord Byron, cuya relación con su joven médico parecía ser un tanto vampírica con ciertos rasgos perversos y vejatorios.
El Vampiro fue la semilla que influyó en numerosas obras posteriores en torno a este tema, incluida Drácula de Bram Stoker.
Cuando la obra de Polidori, ya terminada, se publicó con exitosa acogida en 1819, se atribuyó su autoría al propio “vampiro”, es decir, a Lord Byron.

Posteriormente este asunto quedó aclarado, sin embargo en 1921, a la edad de 25 años, Polidori se suicidó. Pero ¿cómo lo hizo?:

Volvamos por un momento al Doctor Konrad Dippel (1673-1734).
Este teólogo, químico y alquimista nació en el castillo de Frankenstein (Dramstadt, Alemania). En él experimentó con la alquimia y la anatomía, lo que generó toda una leyenda en torno a sus prácticas con intención de dar vida a materias inanimadas o a transferir el alma de un cadáver a otro.

Castillo de Frankenstein


Dichas leyendas llegaron hasta Jacob Grimm, uno de los dos hermanos que recopilaron los conocidos relatos de la tradición oral alemana. Este, a su vez, confió dichas leyendas a su traductora inglesa Mary Jane Clairmont, que no era otra que la madre de Claire y madrastra de Mary. Así debieron llegar a sus oídos las leyendas sobre Dippel influyendo en la obra que Mary engendró en Villa Diodati.
Pero el Doctor Dippel del castillo de Frankenstein, por lo que realmente se dio a conocer en la historia fue por inventar el ácido prúsico o ácido cianhídrico; la azulada sustancia altamente venenosa con la que Polidori se suicidó.

Solo décadas más tarde sería restituida la dignidad de Polidori.
Su hermana menor, Frances Mary, y su marido Gabriele Rossetti, tuvieron cuatro hijos: Maria Francesca, Dante Gabriel, Christina Georgina y William Michael Rossetti. Todos ellos dedicados a la pintura, poesía, filosofía, traducción…
Los hermanos Rossetti  pusieron empeño en recuperar y reivindicar la memoria de Polidori; especialmente William M., quien publicó su diario y dignificó la figura de su tío.
Existen varias hermosas fotografías en blanco y negro de los hermanos y su madre junto a la baranda de una mansión inglesa en la segunda mitad del siglo XIX. Y, ¡oh maravilla!, ¿quién hizo esas fotografías? Pues… el Reverendo Charles Ludwig Dodgson, es decir, Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas.



En cuanto a la obra de Mary Shelley, como es sabido, es una historia preñada de muertes desgarradoras precisamente en el entorno del monstruoso doctor que da vida a su monstruosa criatura.
Y es que la existencia de Mary giró siempre en torno a la idea de la proximidad entre la vida y la muerte, entre el amor y su ausencia. Fue así antes, durante y después de concebir su mítica novela.

Mary era la única hija de William Godwin -político y escritor británico considerado de los más importantes precursores del pensamiento anarquista-, y de Mary Wollstonecraft –filósofa y escritora inglesa que estableció las bases del feminismo moderno-. Esta aportó al matrimonio con Godwin a su hija Fanny, fruto de una relación anterior; y murió a consecuencia del parto apenas unos días después de dar a luz a la criatura que llevaría el mismo nombre de la madre muerta.
El monstruo de Mary, como ella, no tuvo madre. Y la madre de Victor Frankenstein muere en un parto.
El Sr. Godwin se casó de nuevo pocos años más tarde con la traductora Mary Jane Vial Clairmont, madre de Claire. De este modo, Mary se crió con su padre, una medio-hermana (Fanny), una hermanastra (Claire) y una madrastra con la que tuvo tormentosas relaciones.

El adorado poeta de Mary, Percy Shelley, había sido abandonado por su mujer cuando comenzó el romance entre ellos. La pareja Shelley tuvo cuatro hijos. Todos, excepto el último, Percy Florence, murieron entre los 0 y 3 años de vida. La primera niña ya había fallecido antes del encuentro de Villa Diodati y, muy poco más tarde, Fanny, la medio-hermana de Mary, se suicidó.
Posteriormente, además de Polidori, también se suicidarían la primera mujer de Percy Shelley (Harriet) y la de Byron (Annabella), que lo había dejado por la escandalosa relación del Lord con su propia hermana Augusta (¿Cómo la de Victor Frankenstein con Elisabeth?).

Claire Clairmont y Byron tuvieron una hija, Allegra, concebida a raíz del encuentro en Villa Diodati que acabó en desastroso matrimonio. Tras ser acogida por unos y otros a lo largo de su corta vida, Allegra murió de tifus a los 5 años.
Dos meses después sobrevendría la muerte de Percy. Y dos años más tarde, la de Byron, que se hizo enterrar junto a Allegra.

Parte de estos acontecimientos se fueron sucediendo mientras Mary escribía su primera versión definitiva de Frankenstein o el moderno Prometeo; compartiendo la historia con Shelley y contando constantemente con el apoyo del que ya era su marido además de reconocido poeta.
La obra se publicó en 1818 y se hizo anónimamente para evitar ataques por el nombre de su autora, su juventud y su sexo, con el fin de que la novela fuera valorada exclusivamente por sus méritos. Pero inmediatamente (como en el caso de Polidori), saltó la confusión con respecto a la autoría; se le atribuyó a Percy, que había escrito el prólogo. No obstante no tardaron en despejarse las dudas al respecto.

En 1822, Percy moría a los 29 años en un naufragio (ahogado, como su primera esposa, que fue hallada en el lago Serpentine de Londres).
Mary Shelley había terminado su novela con esta frase:
Pronto, las olas lo alejaron y se perdió en la oscuridad y en la distancia.

Diez días después del naufragio, transcurridos entre el terror y la esperanza, el cuerpo de Shelley fue hallado. Un libro de poemas de John Keats en su bolsillo facilitó la identificación.
Su amigo, el escritor Edward Trelawny –que a su muerte se haría enterrar en Roma junto a los restos de Percy-, se encargó de que el cuerpo de su amigo fuera quemado en una pira en la playa. Lo que él relato sobre la ceremonia, dejó cierta ¿leyenda? relativa al corazón de Percy. Supuestamente, tras haber resistido a la incineración, el propio Trelawny lo sacó de entre las llamas. Mary lo reclamó y dijo haberlo guardado envuelto en una página de Adonais, la elegía que Percy había escrito, un año antes, a la muerte de John Keats.

El funeral de Shelley (Louis Edward Fournier /1910)
Trelawny, que murió en 1881, pidió que se escribieran en su tumba, reservada junto a la de su amigo, los siguientes versos que Percy Shelley había escrito muchos años antes:
Estos son dos amigos cuyas vidas no estuvieron divididas.
Por lo tanto, permitan que su memoria continúe igual
bajo la tumba: no dejen que sus huesos sean separados
como no lo fueron sus dos corazones, que en sus vidas fueron uno solo.

Mary nació y vivió a la sombra de la muerte.
Tras la desaparición de Percy, continuó escribiendo y dedicó buena parte del resto de su existencia a la atención de Percy Florence Shelley, su único hijo vivo.

De aquellos cinco jóvenes que se encontraron en Villa Diodati poblando de fantasmas, monstruos y vampiros un verano que nunca llegó, los tres varones encontraron la muerte siendo aún jóvenes.
Mary falleció a los 53 años y, curiosamente, la más longeva (80  años) fue Claire Clairmont, la adolescente cuyo empeño por seducir al excéntrico Lord Byron provocó un volcánico encuentro de dimensiones monstruosas que sigue depositando cenizas a través de los siglos.