Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas

8/1/26

VEINTE AÑOS DE "ASÍ ES LA VIDA"

 

A finales de 2005 se publicó por primera vez nuestro álbum ilustrado “Así es la vida”. Poco sospechábamos mi hermana (ilustración) y yo (texto) lo que el librito nos iba a deparar a lo largo del tiempo.

El pausado goteo de reimpresiones, en castellano y valenciano, no ha cesado hasta hoy. Mi hermana Carmen solo pudo ser testigo de algunas de ellas antes de su prematura muerte. Después se han sucedido hasta alcanzar los más de treinta y cinco mil ejemplares. 

  

"La Prota" muñeca artesanal elaborada por Carmen 

 

Transcurridos veinte años desde su publicación, “Así es la vida” sigue vivo. Y desde su vitalidad no ha dejado de dar sorprendentes señales de vida en todos estos años.

Poco después de su nacimiento y sin motivo aparente, llegaron ejemplares en castellano a diversos países de los cinco continentes y se tradujo el texto para narrarlo oralmente a lenguas tan insospechadas como el hausa, serbocroata, mandinga, árabe o japonés. De hecho, estuvo en trámites una posible edición en Japón, pero dio al traste cuando tuvo lugar el terrible tsunami (adversidades de la vida).

También se le dedicaron programas en radios y televisiones locales. Y, en el confinamiento de la pandemia, para mi sorpresa y sin previo aviso, un Telediario de la televisión pública dedicó el cierre a “Así es la vida”.

 


No soy usuaria de Amazon, pero alguien me dijo recientemente que el libro figuraba en el número uno de ventas de la sección de “Novelas ligeras para niños”. Me asomé a la web y descubrí un buen número de comentarios procedentes de lectores de España, México, EEUU o Italia.

La mayoría incidían en que era “un valioso libro que ofrece herramientas para manejar emociones y lidiar con la adversidad”. Que “aborda temas importantes como la gestión de la frustración en la vida cotidiana.” O que “es excelente para tratar el tema de la muerte y exteriorizar qué es lo que sentimos”.

Me llamaron la atención dos comentarios en italiano:

“Molto bello, piace molto a la mia figlia”

“Comprato per mia madre che studia spagnolo. É semplice e allo stesso tempo profondo. Di una coinvolgente belleza naïf. Lo consiglio.

(Comprado para mi madre que estudia español. Es sencillo y al mismo tiempo profundo. De una adictiva belleza ingenua. Lo aconsejo.)

 

En cuanto a las ilustraciones, se califican de "preciosas", "sencillas y atractivas" o "chulas para cualquier edad." 

 


Una persona se quejaba de no haber podido localizar por ningún sitio la edad apropiada a la que iba dirigido (ese mal hábito de asignarles tallajes a los libros). Pero había también acertados comentarios al respecto, entre otros:

“Para niños y para los que no lo son tanto”. “Recomiendo su lectura tanto para niños como para adultos.”

 


Reconocí en otro comentario una reacción de la que he sido testigo en muchas ocasiones:

“A mi hija de cinco años, la primera vez que lo leímos pareció no gustarle, sin embargo, le caló y días después les contaba a sus amigos que tenía un libro de la vida. Un año después, aún me pide contárselo de vez en cuando.”

 

Lo he comprobado con frecuencia; cuando una persona adulta disfruta del libro, reacciona inmediatamente, lo comenta y lo valora. Sin embargo, muchos niños permanecen pensativos y no dicen nada, parecen indiferentes a la lectura, pero es una cuestión de tiempo; transcurrido este, de repente, ante una situación oportuna, exclaman: "¡así es la vida” y regresan al libro.

 

 

 Mapas de "mi vida" elaborados por niños en talleres

 

 

 

En estos veinte años, la criatura me ha proporcionado importantes aportaciones. La he compartido en escuelas, bibliotecas, talleres, cursos e incluso por correo postal con personas pequeñas, medianas, grandes y muy grandes.

Me han llegado voces anunciando que han visto el libro en tanatorios como recurso de acompañamiento al duelo. De personas que lo regalan como bienvenida a la vida cuando nace en su entorno una criatura. De lectores que se emocionan, lloran, rememoran y dialogan con otros. De librerías, escuelas y centros de salud que han desarrollada actividades en torno a él.

- Para mí es como un oráculo -me dijo alguien-, cuando ocurre algo importante en mi vida lo vuelvo a leer y, en cada ocasión, la lectura es otra.

Entre otros capítulos curiosos, hubo uno un tanto especial: una pianista murciana afincada en Alemania creó una entrañable composición al piano para acompañar la lectura de “Así es la vida” en una especie de recital en alemán.

 

Quizá es cierto que “Así es la vida”, tanto desde el texto como desde la imagen, dice mucho con muy poco. Mucho más de lo que yo podía suponer cuando lo escribí en un arrebato de madrugada.

¿Lo sorprendente? Que todo esto se debe exclusivamente al fenómeno “boca-oreja”. Veinte años de “boca-oreja”.

 


12/4/20

“ASÍ ES LA VIDA” Y LA PANDEMIA


Desde que hace ya un mes, vivimos confinados (desconociendo todavía hasta cuándo), el libro “Así es la vida” -de cuyas ilustraciones y texto somos, respectivamente, autoras mi hermana y yo-; parece que ha tomado un nuevo impulso un tanto especial.

El libro se publicó a finales de 2005 y va camino de conquistar su decimosegunda edición en castellano. Nunca fue especialmente promocionado ni publicitado, su difusión se debe, principalmente, a un misterioso “boca-oreja” de transmisión internacional.

El día 20 de marzo –con gran sorpresa por mi parte-, algunas de sus páginas cerraron un telediario de la primera cadena de TVE. La recomendación de su lectura venía impulsada por la situación que ciudadanos de toda edad y condición estamos viviendo ante la pandemia.
Desde ese momento, muchas personas se han puesto en contacto conmigo y he visto aparecer las más diversas reseñas, recomendaciones, vídeos… al respecto.

En la intención tanto mía como de mi hermana (que, desgraciadamente, ya no está entre nosotros) NUNCA estuvo ni está la de poner ningún tipo de “etiqueta” al libro. Me explico:

¿Para qué edad está recomendado? –Para quien disfrute de él. Sin límites de edad por arriba o por abajo.
¿Es un libro de literatura infantil? –Tal vez, pero quizá no solo infantil.
¡Ah!, es que como tiene “dibujitos” -¿¿??
Y después están todas esas etiquetas ortopédicamente prefabricadas de las que la pobre criatura no se ha podido librar: es para “trabajar los valores”, un libro de “autoayuda”, para la “educación emocional”, para gestionar la “tolerancia”, para “trabajar la frustración”, para “mejorar la capacidad de resiliencia”, para “explicar la muerte”, etc., etc. (términos que aparecen en las redes sociales).

Personalmente, así, en términos generales, no considero que ningún libro deba ser “para” nada que no sea el placer de leerlo, a menos que el lector, como tal e individualmente, le quiera atribuir su “para” particular.


Evidentemente, “Así es la vida” habla de la vida y, por tanto, es ineludible que hable también de la muerte. Entre la una y la otra experimentamos placeres, deseos, frustraciones, logros, pérdidas, ganancias, asombros, esfuerzos, entusiasmos, alegrías, adversidades… 
Seguro que en estos momentos tan insólitos e inesperados provocados por el tal coronavirus, muchas de estas vivencias están a flor de piel. Todas ellas son universales y comunes al ser humano, pero al mismo tiempo contienen millones de experiencias únicas, íntimas e individuales que, en el caso del libro, como ocurriría ante cualquier lectura, pertenecen a cada lector, independientemente de que las quiera comunicar o no.
Tras darle a conocer “Así es la vida”, un niño de 4 años, muy ensimismado, nos proporcionó una de las más estupendas conclusiones sin etiquetaje ni moralina ninguna:

“¡Qué largo es el camino de la vida
y cuántas cosas tiene para elegir!”

               Eso es todo.                


Ante la literatura denominada “infantil”, los adultos tenemos la horrible costumbre “didáctica” de adelantarnos (pura adivinación), a lo que el niño ha de interpretar, de explicárselo, desmenuzárselo, “trabajar” algo “para”, cargarlo de avisos, moralinas y supuestas enseñanzas; en lugar de dejarlo en paz con sus adentros o escucharlo, si es que tiene la necesidad de expresar algo al respecto en ese mismo momento o en otro.

Otro de los hábitos muy extendidos en lo que se refiere a libros destinados a niños es denominarlos, automáticamente a todos, “cuento”. No importa si se trata de libros informativos, poesía, relato gráfico… Si no tienen un excesivo número de páginas y además están ilustrados: ¡Cuentos! Sobreentendiendo, además, que, en ese caso, están exclusivamente dirigidos a la infancia.
“Así es la vida” tampoco escapa a la denominación de “cuento”. Y, sinceramente, a parte de “libro ilustrado” o “álbum ilustrado”, yo no sabría decir si pertenece a un género concreto. El cuento es un género literario en el que caben muchos matices posibles, pero a mí no me parece en este caso que se trate de un cuento. De hecho, siempre dije que “Así es la vida” es un NO-cuento que, como todos los cuentos maravillosos, avisa de que, a pesar de las adversidades, la vida vale la pena.

En cualquier caso, contar cuentos y no-cuentos, tiene lo que dice el trabalenguas, que:


Cuando cuentas cuentos
nunca sabes cuántos cuentas,
así que, cuando cuentes cuentos,
cuenta cuántos cuentos cuentas
y me dices cuántos cuentas.

2/4/20

AQUEL PATITO FEO LLAMADO ANDERSEN





Hoy es el aniversario del nacimiento de Hans Christian Andersen (2.04.1805) y, como todos los años, en conmemoración, se celebra en esta fecha el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.

A Andersen se le recuerda principalmente por sus cuentos, sobre todo por aquellos que más se han popularizado –y también se han manipulado y edulcorado-, por considerarlos especialmente apropiados para la infancia. No obstante, tiene también alguno más del gusto adulto, como esa joyita titulada La sombra (enlace).
Sus cuentos se han divulgado tanto, que se tiende a confundirlos con aquellos anónimos de la tradición oral como los recopilados o transformados por escrito por Charles Perrault o los hermanos Grimm.

Han sido muchos los que han visto autorretratado a Andersen en uno de sus más populares cuentos: El Patito Feo. Aunque Ana Mª Matute –gran admiradora del autor danés-, prefería denominarlo “Ala de cisne” en alusión a ese otro cuento suyo en el que la joven Elisa, padeciendo terribles dolores en sus manos y con la promesa de permanecer muda mientras durase su labor, recolecta ortigas entre las tumbas del cementerio y, convirtiéndolas en lino, teje once camisas para liberar a sus once hermanos del hechizo que los ha convertido en cisnes. Pero a la última camisa, la del hermano menor, no le da tiempo de terminarle de tejer una manga…  
Aseguraba Matute: “Por el mundo vamos muchas personas con un ala de cisne”. Y defendía que solo Andersen y Peter Pan fueron niños que no crecieron jamás.


La mayoría de los cuentos de Andersen –los originales, no los refritos-, son, como su vida, dolorosos, con frecuencia desgarradores y tristes: La Sirenita (poco que ver con la versión dulcificada de Disney), La cerillera, El abeto, Los zapatos rojos, El intrépido soldadito de plomo, El cofre volador… y tantos otros, no tienen lo que se podrían llamar finales felices, están más bien tintados de una poética melancolía llena de pérdidas y añoranzas.
Siempre me llamó la atención la frecuencia con la que muchos personajes de Andersen padecen de atroces sufrimientos en las extremidades, especialmente en los pies.

Hans Christian Andersen -hijo de una lavandera y de un inquieto y soñador joven zapatero que murió cuando su hijo tenía 11 años-, pasó su infancia en la más absoluta pobreza. Era larguirucho, desgarbado, tímido, y también sensible, imaginativo, lector, curioso, viajero y decidido.
A los catorce años, partió en busca de fortuna a Copenhague, donde aspiraba a convertirse en cantante, actor, bailarín o poeta. Todo ello fracasó, sin embargo, consiguió la protección de personas adineradas que le apoyaron para que continuara los estudios abandonados en la infancia.
Su empeño por triunfar en la esfera cultural adulta continuó fracasando, sin embargo, su inesperado éxito y reconocimiento tuvo lugar en un ámbito al que él no se había propuesto aspirar: el de la infancia. Con la aparición de sus cuentos, se obró la metamorfosis del patito feo… o de ese hombre al que siempre le quedó un ala de cisne y que nunca dejó de ser un niño.
Inspirándose en tradiciones populares y narraciones mitológicas, Andersen llegaría a escribir cerca de 200 cuentos.

Su vida amorosa también tuvo un trasfondo amargo y de deserción; como se filtra en muchos de sus cuentos, sus amores fueron diríase que imposibles o -más pronto que tarde-, rechazados; ya se tratara de mujeres o de hombres.
Como en ese muy peculiar cuento suyo de El cuello de camisa, por más que este intenta enamorar desde a una liga hasta a un peine o a una plancha, todos lo rechazan y el pobre cuello, lleno de culpas, acaba convertido en un harapo para fabricar papel… en el que escribir cuentos.



Entradas relacionadas en este blog:

4/12/18

LO QUE IMAGINA LA CURIOSIDAD


Tras su sugerente publicación en 2010 de “Recetas de lluvia y azúcar” (Thule), Eva Manzano (texto) y Mo Gutierrez Serna (ilustración) reaparecieron en 2017 con este otro regalo publicado por la editorial Libre Albedrío.

“Lo que imagina la curiosidad” conforma una especie de mapa surcado de caminos de ida y vuelta que nos ofrecen paseos sin fronteras entre los territorios de la imaginación y de la ciencia. Una red de vasos comunicantes repletos de curiosidades, hipótesis, lirismo, reflexión, datos científicos e imaginación.

El álbum nos invita a jugar con todo ello porque La curiosidad nos ayuda a descubrir en qué consiste la vida.
Si, como apuntaba Einstein, la imaginación es más importante que el conocimiento, este libro es una buena ocasión para experimentarlo. Y quizá el asunto esté, más bien, en que imaginación y conocimiento son igualmente importantes cuando se necesitan y complementan.

“Lo que imagina la curiosidad” es un catálogo de semillas que invita tanto a la ensoñación como a la investigación.

8/11/18

TIRANDO DEL HILO SALVAJE

"Donde viven los monstruos" (Spike Jonze, 2009), basada en el álbum ilustrado "Wher the wild things are" (Maurice Sendak)



Tras el proceso del proyecto “Salvaje” del pasado curso, el mismo grupo –ahora en 6º de primaria-, continúa deseoso de seguir tirando del hilo.
Ante la propuesta de utilizar como detonantes la literatura y el cine, las expectativas ofrecían muchas posibilidades.

Comenzamos calentando motores con la película pendiente “El pequeño salvaje” de F. Truffaut (1970), basada en hechos reales como otros casos que ya investigamos.
Jean-Pierre Cargol como "L'enfant sauvage" (François Truffaut, 1970)


Pero el curso pasado, a raíz del seguimiento de “el niño salvaje de Sierra Morena”, Gabriel Janer Manila nos dejó flotando en el aire unas insistentes palabras:
“Lo que salvó a Marcos fue la imaginación”.

Los viajes entre ficciones y realidades son complementarios; siempre resultan enriquecedores y necesarios, pues la imaginación que, aparentemente, nos aleja de lo real, descubre en ese distanciamiento nuevos caminos hacia múltiples realidades, cuestionamientos, recursos, debates… y divertimentos.
Habíamos estado barajando ambiguos conceptos como “domesticar”, “civilizar” o “vivir en libertad”, y a estos conceptos respondían muy bien ciertas historias fantásticas, pero había que elegir y así se lo expusimos al grupo para que eligieran ellos mismos.

Las propuestas:

Adaptación cinematográfica de Claudia Schröder, 1983
“Konrad o el niño que salió de una lata de conservas” (Alfaguara) de la escritora austriaca Christine Nöstlinger, recientemente fallecida; relata la historia de un niño prefabricado. Un crío de 7 años (ya sin las incomodidades de la primera infancia), diseñado para ser correcto, educado, cariñoso y obediente, es decir, para no incomodar en lo más mínimo a los adultos. Un niño perfectamente “domesticado”. Pero… llega a manos de la extravagante Sra. Bartolotti, una madre por sorpresa que es la antítesis de la criatura enlatada.

Primera adaptación al cine de "Peter Pan" (Herbert Brenon, 1924)


“Peter Pan y Wendy” del escocés James M. Barrie.
Este clásico de la literatura universal presenta a un niño que se niega a aceptar la “civilización” de la encorsetada Inglaterra Victoriana. Se niega a crecer. Se niega a vivir en el seno de una familia convencional. Y se niega a tantas otras convenciones optando por vivir en Nunca Jamás a medio camino entre la humanidad y la bestialidad, entre indios, animales, hadas, sirenas, piratas y niños perdidos. Aunque no todo son para él felices vuelos y aventuras; al son de su flauta de Pan también se le escapa -como su sombra-, algún amargo suspiro. Y de vez en cuando vuela al otro lado, a Londres, en busca de alguna mamá-Wendy que le cuente cuentos.
En este caso, los peculiares paralelismos entre la vida y la obra del autor también ofrecen mucho hilo del que tirar.
Inger Nilsson como "Pippi". Serie de TV. (Olle Hellborn, 1969)
 “Pippi Calzaslargas” (Blackie Books) de la escritora sueca Astrid Lindgren.
Este internacionalmente conocido personaje, aunque todo el mundo la llama Pippi, se presenta como Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusminta, hija del capitán de barco Efraín Calzaslargas, que fue el rey de los mares y hoy es el rey de los caníbales.
Pippi es la encarnación de la “vida en libertad”, sin adultos que le digan lo que debe hacer y sin nadie a quien obedecer salvo a sí misma. Una niña que no duda en advertir: No te preocupes por mí, que yo sé cuidarme solita.

Estuvimos distendidamente hablando de las tres obras, de sus orígenes y autores, de adaptaciones cinematográficas, de lo que unas y otros conocían o desconocían. Y terminamos leyendo en voz alta las primeras páginas de cada uno de los libros.
Surgieron asimismo referencias al álbum ilustrado “Donde viven los monstruos” y a su versión cinematográfica… Y llegó el momento de decidirse. ¡¡¡Difícil elección!!!

Se trataba de elegir uno de los libros para disponer todos de ejemplares y poderlo leer y comentar conjuntamente en clase al margen de otras lecturas de libre elección.

Curiosamente, la primera obra en ser descartada fue Peter Pan, la más mal-conocida por la versión Disney de animación. La más manoseada y sesgada en ediciones recortadas y que, lamentablemente, pocas personas leen.

Con Konrad ocurrió todo lo contrario. Precisamente por no conocerla ninguno de los miembros del grupo, les resultó enormemente atractiva.

Pero Pippi es mucha Pippi. Algunas personas no la conocían y otras sí por capítulos de la vieja serie de televisión. Finalmente Pippi fue la opción elegida por aplastante mayoría, aunque sin descartar, por cuenta de cada cual, la lectura de Konrad que tanta curiosidad les había despertado.


Cualquier elección me habría parecido suculenta, pero releyéndome ahora Pippi Calzaslargas, que tantas veces leí en mi infancia, vuelvo a disfrutarla como entonces.
El personaje nació de la siguiente manera: Cuando Karin, la hija de Astrid Lindgren, tenía 7 años y una pulmonía que la retenía en la cama, un día exclamó: ¡Mamá!, cuéntame algo de una niña que se llame “Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusminta Efraimsdotter Längstrumpf” (lo que traducido sería: Pippilotta Delicatessen Persiana Hierbabuena hija de Efraín Calzaslargas). Y así nació Pippi que, aunque no lo parezca, ya tiene más de 70 años. Y en todo ese tiempo, los múltiples ataques, críticas y censuras recibidas por parte de adultos, no han impedido que se convierta en uno de los grandes personajes de la literatura infantil. Y es que, ¿a quién no le gustaría vivir haciendo lo que le da la real gana?
Pippi es buena, generosa, gamberra, divertida, ingeniosa y buenísima inventando historias de las que lo que menos importa es que sean verdad o mentira. Y es que…

-Mentir es feo –admitió Pippi. Pero a veces lo olvido, ¿sabes? (…)
Puedo aseguraros que en Kenia no hay ni una sola persona que diga la verdad. Allí la gente se pasa el día entero, desde las siete de la mañana hasta que se pone el sol, diciendo embustes. Por eso, si de vez en cuando digo alguna mentira, tendréis que perdonarme: recordad que lo hago porque he vivido mucho tiempo en Kenia… Pero podemos ser amigos a pesar de todo, ¿verdad?



3/10/18

DE LO INDÓMITO




A lo largo de los meses, lecturas aparentemente dispares que venían deshilvanadas e intercaladas entre otras en un caprichoso fluir, sin intención previa alguna, se me han ido hilvanando en torno a “lo salvaje”. Es decir, lo “indómito”, lo “no domesticado”.
Y, una vez más, me inquieta comprobar cómo la humanidad “civilizada” avanzamos, siglo tras siglo, alejándonos de la esencia natural de las cosas. Lo hacemos a golpe de inmediatez y de doma. Una ortopédica doma de la naturaleza que incluye la de la propia humanidad.

Y concluyo que este proceso se arraiga, básicamente, en una pulsión de desconfianza hacia el fluir natural de las cosas, abrigada esta por el miedo a la inseguridad.
La única seguridad que el ser humano ha tenido desde que el mundo es mundo es su finitud. La muerte. No existe más seguridad que esa desde que nacemos. El resto son elucubraciones, devenires “indómitos” de los que la propia naturaleza de las cosas se ocupa.

Destacaré solo tres de esas lecturas que se me han ido hilvanando.
La primera fue No duermas, hay serpientes, un libro de Daniel L. Everett en el que cuenta sus experiencias durante varias décadas de convivencia con los pirahas, pueblo originario del Amazonas brasileño que habita a orillas del río Maici.



Everett -lingüista y misionero-, convivió con los pirahas con dos pretensiones: aprender su lengua -empresa que se había resistido a todo el que anteriormente lo había intentado-; y traducir el evangelio para atraer a los pirahas a su fe.
En la medida en que iba lentamente logrando su primer objetivo, fue tomando conciencia del absurdo y la absoluta imposibilidad del segundo.
La peculiarísima lengua de los pirahas (en la que no entraremos aquí en detalles) responde, como todo el resto de su modus vivendi, al hecho de que para este pueblo solo tiene valor la experiencia inmediata. Todo es presente continuo o pasado o futuro muy inmediato. Y si refieren algo ya ocurrido, solo lo hacen si han sido testigos directos de ello. Reconocen la muerte cuando la tienen delante y no le oponen resistencia alguna.
A pesar de los mil peligros para la supervivencia en los que viven inmersos entre la selva y el río, los pirahas son pacientes, tolerantes, alegres, juegan y se ríen de todo con una frecuencia insólita. No necesitan jefes ni leyes. Y en piraha no existe ninguna palabra que signifique “preocupación”.



Desde el momento en que –a los 3 ó 4 años-, los niños son destetados, se consideran miembros de la comunidad iguales a los demás. No hay prohibiciones que se apliquen específicamente a los niños. Todos deciden por sí mismos lo que hacen, nadie alecciona o sanciona a los pequeños porque no existe un concepto coercitivo de “educación”. Tampoco existe una jerga infantil para dirigirse a los niños. Los integrantes más jóvenes de la comunidad, al igual que los adultos, asumen riesgos y responsabilidades de la forma más natural contribuyendo y participando de todo.
Todo el mundo es responsable de la comunidad a la vez que es atendido por ella.


La segunda de las lecturas fue Jugar de André Stern (Ver enlace La familia Stern y el juego de aprender).
En esta obra el autor reivindica –como el título indica-, el juego como algo que es mejor tomarse en serio; pues se trata de un dispositivo de aprendizaje inigualable e innato. Sin rival a la hora de alcanzar todas las competencias para el desarrollo humano.
Y toda la reflexión que André propone se centra en una actitud que es el pilar maestro de su discurso: la confianza en el niño y en sus disposiciones espontáneas naturales, donde no hay distinción entre jugar, sentir, aprender y vivir.
Todo está relacionado, cada partícula tiene su razón de ser y dependemos, no solo los unos de los otros, sino también de un gran todo. Sin embargo, vivimos en un mundo en el que todo está cada vez más compartimentado e inconexo. En el que desconfiamos del pulso natural de las cosas y antes, siquiera, de pensar en dejarlas fluir, ya las estamos domesticando para que entren con calzador en los ortopédicos moldes que les hemos prefabricado. Así, también, domamos la infancia; encajándola en nuestros moldes contra-natura.

Destaco con especial interés unas palabras finales de la última página de este libro:
“No habrá paz en la tierra hasta que no estemos en paz con la infancia.”


La tercera lectura es La expedición de la Kon-Tiki.


El noruego Thor Heyerdahl, etnólogo e investigador impulsor de esta experiencia, narra en su libro -de forma apasionante-, todo el proceso de la expedición desde su planteamiento hasta el final de la misma.

Habiendo descubierto que los predecesores de los incas y los antiguos habitantes de ciertas islas de la Polinesia adoraban a un mismo dios solar llamado Kon-Tiki, Heyerdahl dedujo que los primeros pobladores de las islas del Pacífico fueron americanos de los tiempos preincaicos.
Otros investigadores objetaron que en aquella remota época, los aborígenes peruanos solo disponían de balsas con las que era imposible cruzar el Pacífico.
Para demostrar la exactitud de su hipótesis, Heyerdahl hizo construir una balsa fiel imitación a los modelos antiguos y, en compañía de cinco camaradas y un loro, la llevó a feliz término.

A lo largo del relato, resulta asombroso descubrir cómo el conocimiento y la confianza en la sabiduría ancestral de aquellos primeros navegantes, así como su respeto y comunión con el comportamiento de la naturaleza, se alían permitiendo a los expedicionarios llevar a fin su empresa.






Navegando durante meses sobre una pequeña balsa de troncos en mitad de la inmensidad del Pacífico, “en una oscuridad sin fin e ininterrumpida bajo un enjambre de estrellas”, Heyerdahl concluye:

“Que fuera el año 1947 antes o después de Cristo, pronto careció de significado alguno. Vivíamos y nos sentíamos vivir con vigilante intensidad. Nos dábamos cuenta de que, para los hombres anteriores a la época de la técnica, la vida había sido también plena e intensa; en realidad, más llena y más rica en muchos aspectos que la vida del hombre moderno. En cierta forma, el tiempo y la evolución habían cesado de existir; todo lo que hoy era real e importante, lo había sido antes y seguiría siéndolo después. Estábamos sumergidos en la absoluta medida común de la historia”.


Querámoslo o no, "lo indómito" está ahí desde que el mundo existe; y escapa a nuestras mil estrategias “civilizadoras” de doma a lomos de ciencias, tecnologías, metodologías y mercantilismos. Ignorarlo significa ignorarnos.

La flor en el asfalto nos lo recuerda como una metáfora burlona de la naturaleza.

El intento de Everett de evangelización (otra suerte de doma) de los pirahas, se convierte en un chiste cuando se conoce su experiencia. Él mismo concluyó que llevarles el mensaje de Dios a los pirahas es como llevar hielo a los esquimales.

La doma homogeneizante y mercantilista de la infancia y la juventud en nuestras sociedades es, más que una broma (incluso de mal gusto), un deplorable derrotero. No hay tiempo, no hay paciencia para la espera y, sobre todo, no hay confianza en las disposiciones naturales del ser humano, en esas que "pertenecen a la absoluta medida común de la historia", como señala Heyerdahl.

La evidencia de que la balsa Kon-Tiki fuera capaz de llegar desde las costas del Perú a la Polinesia siguiendo estrictamente las pautas y conocimientos de una remota civilización preincaica, da mucho que pensar sobre nuestra prepotencia, nuestras prisas, desprecio y desconfianza hacia la naturaleza del mundo y de nuestra propia especie.

29/3/18

UN PUENTE DE LIBROS INFANTILES















Conmemorando el nacimiento de Hans Christian Andersen, el 2 de abril se celebra cada año el Día Internacional del Libro Infantil. 
Casi todo el mundo ha oído hablar de Andersen, de su obra e incluso del premio internacional que lleva su nombre y que es el más importante de la literatura infantil a nivel mundial. No resulta, sin embargo, tan popular la mujer que creó ese premio además de otros grandes hitos en el ámbito de libro infantil y juvenil. Su nombre es JELLA LEPMAN.

Justo antes de la II Guerra Mundial, Jella Lepman, escritora y periodista alemana de origen judío, vio cómo ardían en la hoguera infinidad de libros, incluidos títulos de su buen amigo Erich Kästner. Los nazis consideraban que la lectura era una actividad peligrosa. 
Lepman huyó a Inglaterra y, terminada la contienda, regresó a su país como asesora del ejército americano para temas relacionados con los intereses culturales y educativos de mujeres, niños y jóvenes supervivientes de la guerra.
Se encontró con una Alemania devastada y comprendió la urgente necesidad de abrir la mirada de la infancia y la juventud al mundo exterior a través de los libros.
A partir de ese momento, Jella Lepman iniciaría una incansable lucha de repercusión internacional hasta lograr promover la primera Exposición Internacional del Libro Infantil y Juvenil; inaugurar en Munich la Biblioteca Internacional de la Juventud; impulsar la creación del IBBY y la del Premio Hans Christian Andersen.

Lepman narró en primera persona todo el proceso de estos proyectos en un interesante libro titulado "Un puente de libros infantiles", obra que no fue publicada en España hasta 2017.

 
El libro, en un apéndice final, incluye la conferencia con la que Ortega y Gasset inauguró en 1951 el congreso Entendimiento Internacional a través de los libros infantiles y juveniles (no tiene desperdicio).

También el propio Erich Käster colaboró frecuentemente con Lepman a lo largo de su periplo. Cuando en julio de 1946 se inauguró la Exposición Internacional del Libro Infantil y Juvenil, el Gobierno Militar emitió elegantes invitaciones a destacadas autoridades. Sin embargo Kästner, al día siguiente, pasando por alto a todos los ilustres invitados, publicó en la prensa una columna refiriendo los nombres de los más destacados asistentes: desde el Barón de Münchhausen, Pulgarcito, el Flautista de Hamelin o Struwwelpeter hasta el toro Ferdinando, el oso Pooh y múltiples hadas, magos, brujas... Y, aunque no los nombró, tampoco faltaron personajes suyos como Emilio y los Detectives.

En 1948, Eleanor Roosevelt, apoyando con entusiasmo la causa de Lepman para la creación de la Biblioteca Internacional, escribió en la prensa:
¿Cómo se podría, si no es con libros, hacer que la generación más joven se abra a nuevas ideas? ¿Cómo cambiar su modo de ver la realidad y que así comprendan que hay otros puntos de vista muy distintos a los que les han estado inculcando durante la larga etapa de Hitler? (...) No podemos dejar de enviar libros además de alimentos. No podemos permitir que estos niños crezcan para convertirse en jóvenes nazis y fascistas; tenemos que darles también alimento para el espíritu." 

La Biblioteca Internacional de la Juventud se inauguró en 1949 en una villa de Munich con un fondo de 8.000 volúmenes de diferentes culturas y lenguas. Actualmente está ubicada en la misma ciudad en el Castillo de Blutenberg (S.XV) y es la biblioteca internacional de literatura infantil y juvenil más grande del mundo. 























El IBBY, impulsado en 1953 por Jella Lepman, está compuesto por asociaciones de personas de todo el mundo comprometidas con la idea de propiciar el encuentro entre los libros y la infancia y promover el entendimiento internacional a través de los libros para niños y jóvenes.
Este organismo es el encargado de otorgar cada dos años el Premio Hans Christian Andersen, que es considerado el más alto galardón en la literatura infantil y juvenil. Se concede como reconocimiento a la contribución excepcional a este tipo de literatura.  

Curiosamente, en los días en que andaba con el libro de Jella Lepman entre manos, encontré en una vieja carpeta rastros de algún antiguo taller, entre ellos, este dibujo infantil. En el reverso, un título: 

"Cómo curar la guerra con los libros"