28/3/18

CARTAS CON DOS DEDOS DE FRENTE



"Con dos dedos de frente" es una de las diversas propuestas que Carmela Mayor y Ana-Luisa Ramírez planteamos dentro del proyecto titulado "Cartas boca arriba". 
Un proyecto cuyo detonante fue la intención de acercar a la infancia, a través del juego creativo, ese género que las nuevas tecnologías van relegando al olvido: el género epistolar.
Recientemente hemos venido desarrollando el taller "Con dos dedos de frente" en el seno de la Fundación Bancaja. Tanto las producciones como las reacciones de los niños/as, han resultado muy interesantes.



























Y le dice la sartén al cazo...



En la breve presentación dramatizada que introduce el taller, utilizábamos una vieja máquina de escribir. Todos los grupos sin excepción mostraban gran interés por terminar la sesión experimentando la escritura con semejante aparatejo ya tan ajeno a ellos.
¡Maestros!, introducid en el aula alguna máquina de escribir. Ante el aprendizaje, no hay nada como la curiosidad.



















Otra reacción de no pocos niños/as al final de la sesión, fue el interés espontáneo por acudir con su cuaderno-regalo ante la pizarra en la que habíamos anotado las partes de la carta y copiárselas sin que nadie se lo sugiriera. Parece que tras la experiencia epistolar práctica, apropiarse de la estructura formal de una carta, así como de fórmulas epistolares tradicionales, suscitaba interés.
En un principio, los conceptos de "remitente" y "destinatario" resultaban complicados de retener, pero poco a poco fuimos subsanando esta y otras dificultades.

Aquí la misiva de nuestra benjamina, la participante más pequeñita:






También disfrutamos de cartas con divertidos toques escatológicos...



Y, entre cartas de amor, añoranza, felicitación, reproche, despido... el hipo le escribió al susto, la ventana a la luna, el piano a la mosca, la nariz al estornudo...

Ante el libro de visitas con portada en forma de carta, los niños se agolpaban a escribir sus impresiones sobre el taller antes de partir. Estaban encantados. Hubo, incluso, una niña que me pidió mi dirección postal para enviarme una carta. La espero impaciente.

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