19/4/15

NO NOS ENGAÑEMOS

Esto no es una pipa (René Magritte)
Ante las necesarias inquietudes latentes en relación a la urgencia de repensar y reformar la educación, llama la atención una tendencia que se refleja con frecuencia en las redes sociales. Se trata de una especie de supuesto maná constituido por fórmulas magistrales, manuales, listados de claves infalibles a modo de mandamientos, discursos moralizantes sobre la denominada "educación en valores" y hasta diccionarios de emociones destinados a "enseñar" con discursos a los niños en qué consisten éstas, como si fueran ajenos a ellas. 
Tampoco faltan perlas del tipo "Diez trucos para enamorar a tus alumnos". Ante esto, no sólo cabría preguntarse para enamorar a qué alumnos qué profesor y en qué contexto, sino que convendría también reparar en que truco es un ardid o trampa que se utiliza para el logro de un fin.  

Si lo que provoca inquietudes es un sistema educativo homogeneizante y alejado de las disposiciones naturales del niño ante el aprendizaje, que ignora las individualidades y no las escucha, no podemos engañarnos con recursos de fórmula magistral, por más que estos tengan apariencias innovadoras. 
No confundamos la pipa con su imagen.

En su novela "La Isla" (1962), Aldous Huxley plantea el contrapunto de su más destacada obra "Un mundo feliz" (1932). La isla en cuestión alberga una civilización aislada (como su título indica) del resto del mundo y del que pretende no contaminarse.

La novela incluye bastantes referencias a la educación tal como se entiende en la isla; y encontramos fragmentos como estos:

"Toda educación tendría que incluir cursos de humanidades. Pero no nos engañemos con el nombre; en sí mismas las humanidades no humanizan."

"Hay enseñanzas que no pueden formularse en palabras, uno sólo puede serlas."

"Cuando trato de proyectar en lugar de absorber, puedo conceptualizarlo todo y convertirlo en pura tontería."

"Seguimos el camino que conduce a la dicha de dentro hacia afuera (...) no hacia el espejismo de felicidad de afuera hacia adentro."

Las fórmulas generalizadas son demasiado simples, pretender que se transmiten desde fuera, es puro espejismo.

En una ocasión -seguramente esperando también una infalible fórmula magistral-, un periodista le preguntó a Alberto Manguel (ratón de biblioteca donde los haya):
- ¿Cómo puede un padre inculcar el gusto por la lectura a su hijo?
A lo que Manguel respondió con otra pregunta:
- ¿Cómo se puede hacer que uno se enamore?
Y es que como señala Huxley, hay enseñanzas -quizá las más relevantes-, que no admiten ser formuladas en palabras, uno sólo puede serlas. Serlas sinceramente, porque eso es lo que transmite. Y en ello no hay truco posible.


1 comentario:

JoAn dijo...

Todavía hay muchas personas que dicen aquello de "di lo que quieras que los niños no se enteran". De ahí es fácil deducir los intentos de engaño o trucos con que nos encontramos cuando un adulto se dirige a un niño.