Tres siglos han transcurrido desde la publicación en Londres de “Los viajes de Gulliver” del irlandés Jonathan Swift.
Merced a su éxito universal en el ámbito de la literatura infantil, se ha llegado a considerar, casi exclusivamente, una obra destinada a la infancia, lo que ha propiciado que se conozcan, principalmente, solo parte de las aventuras del viaje a Liliput incluidas en el primero de los cuatro libros.
Sin embargo, la crónica completa de los cuatro viajes de Gulliver es una de las grandes sátiras de la literatura que, trescientos años más tarde, sigue vigente por la feroz crítica social y política que aborda: la corrupción, las intrigas palaciegas, la vanidad, la hipocresía, los fanatismos, la injusticia, las desmedidas ambiciones humanas… y un largo etcétera.
Su publicación en octubre de 1726 se anunció en prensa como el relato en dos volúmenes de “Viajes a varias regiones remotas del mundo, por Lemuel Gulliver, primero cirujano y después capitán de varios barcos.”
La novela sufrió, a lo largo del tiempo y desde sus inicios, constantes censuras; principalmente por las críticas sociales, pero también se eliminaron ciertos episodios escatológicos considerados inapropiados. Swift declaró que precisamente había escrito la novela para irritar al mundo, no para entenderlo.
Primera parte. Viaje a Liliput.
En este primer naufragio el navegante llega a Liliput, lugar habitado por diminutos seres humanos. Allí, entre otras cosas, descubrirá la estupidez de absurdos enfrentamientos ideológicos como la defensa de los tacones altos frente a los bajos o el conflicto que desencadena una guerra entre los que defienden cascar los huevos por la parte estrecha contra los “anchoextremistas”, que exigen hacerlo por la parte ancha.
Gulliver logra que se firme un tratado de paz, pero eso no le trae más que nuevos problemas que hacen emerger fanatismos, envidias, celos y venganzas. Asimismo, consigue apagar un gran incendio en el palacio de la Emperatriz mediante una abundante meada, lo que indigna y repugna a su Majestad Imperial.
Segunda parte. Viaje a Brobdingnag.
Brobdingnag es un territorio habitado por gigantescos titanes. Frente a ellos el náufrago Gulliver es ahora un mero liliputiense. Se convierte en su amo un labrador cuya hijita, de nueve años y doce metros de altura, lo convertirá en su muñeco-mascota al que cuidar y proteger con el máximo mimo. Sin embargo, el labrador irá descubriendo y explotando al máximo los beneficios de exhibir en ferias, mercados y cortes a semejante miniatura.
Puesto que, ya exhausto, acaba siendo vendido a la realeza, él le explica con orgullo y detalle al rey el funcionamiento político, social, jurídico y religioso europeo. El monarca concluye: “es la raza de bichillos más perniciosa que la naturaleza haya nunca permitido que se arrastre por la faz de la tierra.”
Tercera parte. Viaje a Laputa, Balnibardi, Glubbdubdrib, Luggnagg y Japón.
Refugiado en un pequeño islote tras ser abandonado a su suerte por los piratas, aparece sobre él la isla flotante Laputa y accede a ella. Allí descubrirá las extravagancias más disparatadas propias de sus habitantes. Se trata de unos seres tan ensimismados que van acompañados de “batidores”, sirvientes que se ocupan de darles golpecitos con una especie de globos para que vuelvan en sí y centren la atención. Todos sus pensamientos están enfocados a las matemáticas y la música, aunque de una manera un tanto caótica y absurda.
Balnibardi es el territorio terrestre que avanza bajo Laputa y que depende del dominio absoluto del rey de arriba. Pero allí abajo la vida no es mucho más cabal.
En su retirada, Gulliver pasa por Glubbdubdrib, isla de los hechiceros o magos. El gobernador es un nigromante que le ofrece conversar con difuntos personajes célebres de la historia, con ello descubre nuevas farsas, injusticias, traiciones y corrupción. Continúa viaje haciendo nuevos descubrimientos por Luggnagg hasta alcanzar Japón y regresar a su hogar.
Cuarta parte. Viaje al país de los Houyhnhnms.
Asaltado por bucaneros su buque mercante, Lemuel Gulliver llega a una isla desconocida en la que vivirá tres años. En Houyhnhnmlandia encuentra a dos tipos de habitantes principales: los yahoos y los houyhnhnms.
Los primeros, muy similares a nuestra especie humana, son un tipo de primates hominoides de lo más despreciable, sucio y malintencionado; unas bestias un tanto degeneradas, brutales y repugnantes difíciles de amaestrar o de hacer entrar en razón.
Los segundos son unos hermosos caballos muy singulares. La etimología de su nombre significa “la perfección de la naturaleza”. Estos equinos no entienden el mal ni la palabra “mentira”, ese “decir lo que no es” que hace fracasar cualquier comunicación. Los houyhnhnms son una especie llena de virtudes sin adornos ceremoniales.
Con la convivencia y el paso del tiempo, Gulliver empieza a considerar a los humanos bastante similares a los yahoos. Y su deseo sería quedarse para siempre con los admirables houyhnhnms y seguir aprendiendo de ellos. Sin embargo estos también lo han conocido en profundidad a él y, en su asamblea, deciden que solo hay dos opciones: o domesticarlo y ponerlo a su servicio como a cualquier otro yahoo o pedirle que regrese a su país.
Por gratitud y respeto, Gulliver se ve obligado a partir. Le costará muchísimo readaptarse mínimamente a su sociedad y volver a convivir con repugnantes yahoos. Como contrapartida, se compra dos caballos.





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