En 2016, el editor Gustavo Puerta Leisse tuvo la iniciativa de lanzar una publicación trimestral titulada “¡La leche!”. Se trataba de una revista destinada a lectores jóvenes y no tan jóvenes con artículos repletos de curiosidades relacionadas con artes, ciencias, técnicas, historia… con la vida misma.
La revista se estuvo publicando hasta 2020, para muchos de sus números ofrecí artículos que Gustavo me iba sugiriendo. Entre otros, hubo algunos como este reunidos bajo el título “CINCO SEMILLAS DE…”
CINCO SEMILLAS DE LIMERICK
(Edward Lear)
1. Se llamó nonsense a un tipo de textos disparatados con juegos de palabras, ritmos, exageraciones y absurdos humorísticos. Y se inició, precisamente, en aquella Inglaterra Victoriana, la misma en la que vivía Alicia fuera del País de las Maravillas, y que imponía rígidas y correctísimas reglas sociales. Reírse de ellas suponía una especie de liberación.
2. El Limerick era una de estas formas de nonsense de origen popular. Un día, un pintor de paisajes inglés la descubrió y ya nunca dejó de inventar más y más limericks que siempre ilustraba con dibujos igualmente disparatados.
Había un anciano en Andalucía
que cantaba todo el santo día
a sus patos y a sus gorrinos,
a los que alimentaba con higos,
el valioso anciano en Andalucía.
Había una jovencita de Nevada
que se sentó alegremente en la entrada.
La aplastó la puerta de casa
y ella exclamó: “¡¿Qué diablos pasa?!”,
la valiente jovencita de Nevada.
3. Como podréis imaginar, traducir un limerick del original inglés a otra lengua resulta harto difícil, pues para mantener ritmo, rima y significado, más que traducción, hay que hacer una adaptación.
4. El Limerick siempre presenta, en cinco versos, a un personaje excéntrico que realiza alguna acción disparatada. En el último verso se suele calificar al personaje con un adjetivo inesperado y, a veces, incluso inventado.
Hubo en Coblenza un viejo caminante
con piernas de longitud alucinante.
De una zancada conseguía
ir desde Francia hasta Turquía
aquel extraordinario caminante.
Había una anciana en Puerto Rico
que compró tres pavos y un abanico;
los colocó en una banqueta
para tenerlos a la fresca
y los abanicaba sin cesar en Puerto Rico.
Había un anciano en Argel
que bebía hasta sin sed.
Le decían: “Te pondrás como una foca”,
y él contestaba: “ Y a mí que me importa”,
el globuloso anciano de Argel.
5. Edward Lear fue aquel paisajista autor de estos y muchísimos más limericks ilustrados, además de otros disparates como su colección de botánica absurda, entre la que se encuentran ejemplares del tipo de la Cerdicularia Piramidalis cuyos frutos son cerditos.
La vida de Lear no era menos disparatada que su obra. Fue el penúltimo de 21 hermanos. Decía que le hubiese gustado “ser un huevo durante el periodo de incubación”. Adoraba a los gatos y a los niños; odiaba a los perros, a los alemanes y el clima británico. Le gustaba tanto viajar que nunca tenía un hogar fijo.
Lear también se sabía reír de sí mismo y se hacía sus propias caricaturas. Era gordo, patilargo, enfermizo y gran amigo de sus amigos, entre ellos, también de su gato Foss, que vivió con él 16 años y murió tan solo dos meses antes que su amo.
Lear tenía pensado reunirse con Foss en un paraíso de su invención al que llamaba Jumsibobjigglequack; un lugar muy especial donde reinaba el silencio absoluto y no había ni ángeles ni pollos.
¿Te atreverías a escribir un limerick sobre Edward Lear?
Había un…
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