29/3/18

UN PUENTE DE LIBROS INFANTILES















Conmemorando el nacimiento de Hans Christian Andersen, el 2 de abril se celebra cada año el Día Internacional del Libro Infantil. 
Casi todo el mundo ha oído hablar de Andersen, de su obra e incluso del premio internacional que lleva su nombre y que es el más importante de la literatura infantil a nivel mundial. No resulta, sin embargo, tan popular la mujer que creó ese premio además de otros grandes hitos en el ámbito de libro infantil y juvenil. Su nombre es JELLA LEPMAN.

Justo antes de la II Guerra Mundial, Jella Lepman, escritora y periodista alemana de origen judío, vio cómo ardían en la hoguera infinidad de libros, incluidos títulos de su buen amigo Erich Kästner. Los nazis consideraban que la lectura era una actividad peligrosa. 
Lepman huyó a Inglaterra y, terminada la contienda, regresó a su país como asesora del ejército americano para temas relacionados con los intereses culturales y educativos de mujeres, niños y jóvenes supervivientes de la guerra.
Se encontró con una Alemania devastada y comprendió la urgente necesidad de abrir la mirada de la infancia y la juventud al mundo exterior a través de los libros.
A partir de ese momento, Jella Lepman iniciaría una incansable lucha de repercusión internacional hasta lograr promover la primera Exposición Internacional del Libro Infantil y Juvenil; inaugurar en Munich la Biblioteca Internacional de la Juventud; impulsar la creación del IBBY y la del Premio Hans Christian Andersen.

Lepman narró en primera persona todo el proceso de estos proyectos en un interesante libro titulado "Un puente de libros infantiles", obra que no fue publicada en España hasta 2017.


El libro, en un apéndice final, incluye la conferencia con la que Ortega y Gasset inauguró en 1951 el congreso Entendimiento Internacional a través de los libros infantiles y juveniles (no tiene desperdicio).

También el propio Erich Käster colaboró frecuentemente con Lepman a lo largo de su periplo. Cuando en julio de 1946 se inauguró la Exposición Internacional del Libro Infantil y Juvenil, el Gobierno Militar emitió elegantes invitaciones a destacadas autoridades. Sin embargo Kästner, al día siguiente, pasando por alto a todos los ilustres invitados, publicó en la prensa una columna refiriendo los nombres de los más destacados asistentes: desde el Barón de Münchhausen, Pulgarcito, el Flautista de Hamelin o Struwwelpeter hasta el toro Ferdinando, el oso Pooh y múltiples hadas, magos, brujas... Y, aunque no los nombró, tampoco faltaron personajes suyos como Emilio y los Detectives.

En 1948, Eleanor Roosevelt, apoyando con entusiasmo la causa de Lepman para la creación de la Biblioteca Internacional, escribió en la prensa:
¿Cómo se podría, si no es con libros, hacer que la generación más joven se abra a nuevas ideas? ¿Cómo cambiar su modo de ver la realidad y que así comprendan que hay otros puntos de vista muy distintos a los que les han estado inculcando durante la larga etapa de Hitler? (...) No podemos dejar de enviar libros además de alimentos. No podemos permitir que estos niños crezcan para convertirse en jóvenes nazis y fascistas; tenemos que darles también alimento para el espíritu." 

La Biblioteca Internacional de la Juventud se inauguró en 1949 en una villa de Munich con un fondo de 8.000 volúmenes de diferentes culturas y lenguas. Actualmente está ubicada en la misma ciudad en el Castillo de Blutenberg (S.XV) y es la biblioteca internacional de literatura infantil y juvenil más grande del mundo. 
























El IBBY, impulsado en 1953 por Jella Lepman, está compuesto por asociaciones de personas de todo el mundo comprometidas con la idea de propiciar el encuentro entre los libros y la infancia y promover el entendimiento internacional a través de los libros para niños y jóvenes.
Este organismo es el encargado de otorgar cada dos años el Premio Hans Christian Andersen, que es considerado el más alto galardón en la literatura infantil y juvenil. Se concede como reconocimiento a la contribución excepcional a este tipo de literatura.  

Curiosamente, en los días en que andaba con el libro de Jella Lepman entre manos, encontré en una vieja carpeta rastros de algún antiguo taller, entre ellos, este dibujo infantil. En el reverso, un título: 

"Cómo curar la guerra con los libros"


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