6/6/17

LA CABEZA Y EL CUERPO



En el reconocido poema de Loris Malaguzzi Los 100 lenguajes del niño, podemos leer estos dos versos:

"La escuela y la cultura
le separan la cabeza del cuerpo"

Me sobrecojo cada vez que, en mi barrio, paso ante una escuela infantil de primer ciclo (0-3 años) que se llama nada menos que "Baby's Brain", es decir, "Cerebro de bebé" y en cuya fachada destaca el inquietante dibujo de un enorme cerebro con chupete unido a un desproporcionadamente pequeño cuerpecito de bebé (¡!). 
A veces da la impresión de que en las puertas de los centros escolares hay una imaginaria fila de perchitas en las que el alumnado cuelga su cuerpo cual abrigo para volverlo a recoger un rato en el recreo, en la clase de Educación física y, de nuevo, a la salida del centro. 
Seguimos el proceso, hasta la edad adulta, viviendo a toda prisa dentro de un cuerpo habitualmente ignorado (ignorado el cuerpo, que no su imagen estética).

Recientemente tuve el privilegio de disfrutar de un seminario organizado por el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) e impartido por Segni Mossi
Se trata éste de un proyecto de investigación en torno al movimiento y el signo gráfico que Simona Lobefaro (bailarina y coreógrafa) y Alessandro Luma (artista visual) vienen desarrollando con niños y adultos desde 2015.
Sus propuestas parten de hipótesis lúdicas que establecen una relación entre el movimiento (danza), como proyección en el espacio y manifestación emocional, y el signo gráfico como extensión del cuerpo, como acción y rastro de la esencia de las experiencias.































El desarrollo de las propuestas centra todo su interés en la experiencia del proceso creativo en sí mismo, no en la consecución de unos resultados preconcebidos.

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Experimentar, a través del movimiento y el trazo, desde la quietud, la velocidad, la oscuridad, la simetría, la asimetría, el equilibrio... 











...la diversidad de músicas y sus ritmos, la complicidad y cooperación con los otros consolidando el grupo, la composición, descomposición y recomposición, la verticalidad, la horizontalidad... 



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...Dejándose llevar, sin una intencionalidad previa ni juicios, por un constante diálogo entre lenguajes que se contaminan mutuamente. ¡Toda una liberación!





Como el niño ante el juego libre, se juega para jugar, se juega porque se juega, por el puro placer de jugar, de preguntarse, crear, sentir, sentirse y, de paso -mire usted por dónde-, resulta que se aprende de todo ello.
Las emociones no se "trabajan", se experimentan, se viven.


La treintena de personas que participábamos en el seminario terminamos, eso sí, físicamente agotadas, pero con ese placentero agotamiento propio de la infancia, el de la concentrada entrega a un juego sin límite... hasta caer en la cama como un sapo, como un saco... pleno. 



























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