23/5/10

¡Ooole Rodari!


Una primavera más, participo en la Biblioteca Municipal de Meliana en una nueva campaña con escolares. En esta ocasión, homenajeamos a Rodari jugando con las palabras.
Una mañana llega un grupo de 6º reducido, heterogéneo y muy inquieto. Entran en la biblioteca alterados porque en la planta baja del Instituto Municipal de Cultura han visto que hay una exposición de la Peña Taurina. Uno de los chicos, aunque eso no es posible, está empeñado en bajar a verla. Iniciamos la presentación de Rodari y la propuesta de trabajo basándonos en hipótesis fantásticas en torno a la ciencia y la fantasía (Einstein, Darwin…), pero el grupo sigue alterado por asuntos taurinos. Bien, pues planteemos otra hipótesis:
¿Qué pasaría si el grupo entrara en la exposición y los toros disecados cobraran vida?

En este momento comienza la participación colectiva en la creación de la historia, todos se implican y éste es el resultado.
Un día que los alumnos de 6º B acudieron a la Biblioteca Municipal a un taller de animación lectora, decidieron ver también la exposición taurina que había en la planta baja del edificio. Allí había cuatro cabezas de toro junto a otro toro completo, grande, con tacones, corbata y sin rabo.

De repente, los toros cobraron vida y salieron en estampida subiendo los dos pisos hasta la Biblioteca, unos con el ascensor y otros por la escalera. Todo el grupo los siguió hasta allí.
De pronto, en la misma entrada de la biblioteca, de un libro titulado “Cuentos para jugar”, salió Gianni Rodari vestido de torero y gritando: “¡Ooole!”
Mientras todo esto sucedía, los miembros del grupo corrían como locos por todas partes. Zineb, que llevaba muletas debido a un esguince, se las plantó de banderillas al toro con tacones. Rafa, Adrián y Rubén, bajaron rápidamente a coger unos capotes de la exposición y empezaron a torear con recortes, quiebros y saltos del ángel; a la vez que las cabezas de toro sin cuerpo entonaban el himno de San Fermín.
El resto del grupo, junto con Raquel (la profesora), Pilar (la bibliotecaria) y Analisa (que hacía los talleres), aprovecharon para ponerse a salvo en lo alto de las estanterías. Desde allí empezaron a gritar pidiendo ayuda a personajes históricos de la sección de Biografías para que formaran un ejército de salvación.
Sin embargo, el único que salió de entre las biografías fue John Lenon que, pacíficamente, cantaba “Imagine”. Sus cantos sonaban mientras los tres toreros le hacían un “llimonet” al toro de los tacones.
Rodari, que estaba viendo el espectáculo, fue rápidamente en busca de un libro: “El Flautista de Hamelin”. Le quitó la flauta al protagonista y se puso a tocar acompañando en su canción a John Lenon. Al momento los toros quedaron hipnotizados. Muy mansos, seguían a Lenon y Rodari mientras ellos los conducían despacio hasta la sala de exposiciones. Allí quedaron los toros de nuevo disecados.
Y la música… sigue sonando.

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